Alimentos con Vitamina A

Tanto el alfabeto como la buena nutrición empiezan por A. La Vitamina A es uno de los pilares centrales de un cuerpo sano y un buen sistema inmunitario.
La vitamina A se conoce a veces como acetato de retinilo o palmitato. Es crucial para la formación y mantenimiento de dientes y piel sanos. Además, juega un papel importante en el mantenimiento de las membranas mucosas, tejido esquelético y tejido blando.

Signos de la falta de Vitamina A

Una deficiencia de vitamina A es causada por problemas dietéticos. Uno de los primeros síntomas de una deficiencia de vitamina A es un aumento de los problemas de visión. Una deficiencia en vitamina A también puede conducir a problemas de visión global, trastornos hepáticos y erupciones cutáneas.

Una deficiencia a largo plazo puede interferir con la absorción de nutrientes que puede estar conectado a una enfermedad celíaca, la diarrea crónica, la giardiasis y la cirrosis.

Exceso de Vitamina A

Un exceso de vitamina A también es causada por la dieta. Teniendo en exceso de vitamina A puede crear algunas consecuencias negativas para la salud.
Un exceso de esta vitamina en la sangre podría resultar en la pérdida ósea, pérdida del cabello, piel seca, dolores de cabeza y debilidad. Dolor de estómago, náuseas y los vómitos son algunos de los resultados inmediatos de tomar demasiada vitamina A.



La ingesta diaria recomendada de vitamina A varía mucho según la edad.

  • Los bebés menores de seis meses deben tomar en 1334 microgramos UI de vitamina A por día.
  • Los bebés de entre siete meses y un año deben tomar en 1667 UI por día.
  • Los niños de entre uno y tres años de edad deben tomar en el año 1000 UI por día.
  • Los niños de entre cuatro y ocho años de edad deben tomar en 1334 UI por día.
  • Los niños de entre nueve y 13 años de edad deben tomar en el año 2000 UI por día.
  • Los adolescentes y los adultos mayores de 14 deben tener entre 2333 y 3000 microgramos por día.

Los beneficios de la vitamina A para los seres humanos fueron reconocidos en 1912 cuando un bioquímico Inglés descubrió que existían factores presentes en la leche que ayudaron al crecimiento de ratas en experimentos.